Han pasado casi cuatro años desde que
Pedro Guerra editó su último disco.
Después de este silencio, uno de los autores
más importantes de la música española
de los últimos quince años regresa
con catorce nuevas canciones, almacenadas en “Vidas”.
“Creo que estaba cansado”, explica
el artista sobre su temporal alejamiento. “Eran
10 años y ocho discos y necesitaba parar
para tomar aire. Teníamos un proyecto familiar
de paternidad y he estado en casa sin viajar,
sin tener demasiada relación con la música,
agotado por la intensidad de la dinámica
disco-gira que roba el tiempo. Necesitaba esa
oxigenación”.
Una oxigenación que, dada la íntima
y vital relación de Pedro con la música
y lejos de ser estéril, ha servido para
engendrar “Vidas”. “Hace nueve
meses volví a componer, a intentar escribir
porque la vuelta fue dramática”,
dice. “Me costó un poco, me sentía
desengrasado y quería tener el tiempo necesario
para hacer las cosas bien. En las letras no había
ninguna idea previa e incluso pensé el
título del disco en el estudio. Cuando
salió Vidas todo cobró un sentido,
un contenido”.
“Vidas” es el disco más poético,
más vital y más optimista de Guerra.
“Lo componía al mismo tiempo que
lo iba maquetando y sabía que lo íbamos
a grabar tocando todos en directo”. Por
esto, Vidas es un álbum en el que prima
la naturalidad, el sonido puro, la sencillez,
la ausencia de lo superfluo. “Quizá
sea el más coherente de todos los que he
hecho, equiparable a Golosinas al tener la frescura
de estar grabado tocando juntos y al mismo tiempo.
Musicalmente tenía una idea clara del sonido.
Con el tiempo creo que aspiro a hacer canciones
al modo tradicional. Las letras vuelven a cierta
intimidad, a la introspección. No hay compromiso
social. He buscado la pureza y lo que me pide
el cuerpo es hacer canciones lo más bonitas
que pueda”.
Con la canción “Quisiera saber”
como primer sencillo (el vídeo se ha rodado
en Cuba bajo la dirección de Tono Herrando),
cierto sentido de la nostalgia recorre las canciones
de Vidas. “Siempre existió esa melancolía,
esa añoranza en mi música. Pienso
en un mundo que ya no es y utilizo palabras que
me dicen que ya no se oían. Hay algo de
intentar rescatar lo que se echa de menos, aunque
no desprecio el mundo actual. Me parece estupendo
pero quizá haga falta cierto equilibrio”.
Y aparecen canciones suaves que hablan de antiguos
zaguanes y de puertas secretas (Íntimo),
otras inspiradas en ritmos populares (Madurar
el amor), a veces con preguntas sin respuestas
(Quisiera saber), poéticos y emocionados
aires con aromas caboverdianos (Se enamoró
de un río), o portugueses (Corazón
enfadado), temas de mayor balance rítmico
(Jamás, Humo), músicas sinuosas
inspiradas en noticias que se convierten en amores
eternos (5.000 años), acercamientos al
Brasil tan querido y recreado por Pedro (El pescador,
Huellas), dos maravillosas perlas dedicadas a
sus hijos (Lara y Cuando Pedro llegó),
otra con nombre de pintor genial, dios y diablo
al tiempo (Caravaggio), temas que podrían
ser tangos argentinos o quizá chotis madrileños
que hablan de tiempos pasados y mágicos
(Casas antiguas)...
Son las canciones de Vidas, un álbum sereno,
acústico, sencillo, inspirado, grabado
con minuciosidad artesana junto a músicos
que han acompañado a Pedro Guerra a lo
largo de buena parte de su carrera. Ahí
están Luis Fernández (piano y teclados),
Marcelo Fuentes (bajo), Vicente Climent (batería)
y Osvi Greco (guitarra), que han grabado casi
en directo el álbum producido por Pedro
Guerra (voz y guitarra) y Ángel Martos.
Son catorce canciones que muestran a un artista
sosegado, reflexivo, con un acorde puesto en el
ayer y otro en el mañana, planeando por
encima de tiempos, modas y estilos. Son catorce
canciones con vocación intemporal que Pedro
Guerra se detiene a comentar.