Salvemos los salones de baile

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sobrevuelo

Mi abuelo Miguel Ángel tenía un salón en San Rafael de Poás. Mi abuelo Joaquín tenía un salón en Cervantes de Alvarado. Ambos salones dejaron de existir. De allá a aquí, puedo hacer un registro de salones de baile que han tenido que cerrar. En el salón Garibaldi, tienen colgando del techo, una serie de rótulos de salones de baile que ya no existen: El Tobogán, Los Juncales, El Gran Parqueo, Los Trapiches, La Galera, Higuerones, Buen Día, El Jorón. Agregaría otros: Los Maderos, Los Jocotes, El Nopal, Los Molinos, Rancho Guanacaste… El cierre de salones de baile es una verdadera tragedia. Sólo de mi pueblo, Guápiles, menciono cinco más: El Burro Amarrado, El Centro de Amigos, Rocamar, Dinastía y Convoy. La gente llama a Garibaldi y pide reservar una mesa bajo el rótulo, por ejemplo, de La Galera o de El Jorón, sólo para recordar sus noches de baile en esos sitios especiales, que ya desaparecieron. Ahora, un aumento arbitrario y exagerado en el monto a pagar por patente, pretende acabar con los pocos salones de baile que quedan, al estilo del Típico Latino, el Típico Copey, el Viejillo’s Bar, La Pista, el Garibaldi, El Barril, Valentino’s, Río Bravo, El Lago y El Herediano. Los salones de baile son reductos de cultura popular y de deporte en pareja. Merecen un trato especial por parte de las municipalidades. De lo contrario, van a ser parte del pasado, como ocurrió con los cines de pueblo. Los bailarines no consumimos mucho licor, ni comemos mucho mientras bailamos. Un cliente de un salón de baile gasta poco. Hay que entender la realidad del salón de baile para rescatarlo, para prevenir su muerte. Es un tema urgente porque en los pueblos y en las barriadas, muchas veces el salón de baile es el único espacio de diversión sana y ejercicio. Si usted desea ayudarnos en la lucha por combatir estas patentes onerosas, puede llamar a los teléfonos 8883-2191 y 8884-7049. Invitamos a los dueños de bares, licoreras, restaurantes, pulperías y supermercados pues tienen exactamente el mismo problema. Me asusta, me aterra que  cierren esos espacios para la alegría y el gozo que son los salones de baile.

 


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