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El maquillista David Calvo, celebrará su cumpleaños esta noche en Tragaldabas de Rohrmoser; a la actividad han sido invitados amigos, modelos y clientas de este profesional del maquillaje. A la fiesta solamente podrán ingresar quienes estén en la lista de convocados.
Realmente vale la pena ir a Jazz Café, Escazú, los lunes, porque ese día se presenta el grupo Expresso, que dirige acertadamente Solón Sirias. El sitio es visitado por gente que les gusta las cosas buenas y la música alegre y variada, pero bien tocada. ¿Qué les parece si nos vemos el próximo lunes en Jazz Café, Escazú?

Vieras que en Bailando por un Sueño.....
Édgar Silva demostró, una vez más, que es el mejor animador de este país. Aunque a muchos no les guste, el hombre está solo. Édgar es capaz de poner a llorar a una piedra y de sacarle una sonrisa a Pilar Cisneros. Es demasiado bueno.
El traje que las pusieron a las damas para que bailaran chiqui chiqui, las hacía verse gordas y panzonas, además, en los setenta y ochentas no se usaban esos calzononones matapasiones cual mantillas desechables que les encaramaron. Las pobres concursantes parecían muñecas repollo.

La mayoría de las coreografías estaban basadas en los video clips que le hicieron en aquellos años a las canciones del chiqui chiqui, pero si alguien no los vio porque es ese entonces era muy joven o no había nacido, se jodió: no entendió la coreografía. Ejemplo de ello fue la gorda del Pipiribao o a Melissa Mora haciendo de viejita en el Canchis Canchis; además, quién fue el morboso que puso a Melissa Mora con el asunto del canchis canchis, si la querían perjudicar lo lograron.
Muy, pero muy bien, el Tigre Tony. Este muchacho es todo naturalidad, simpleza, no tiene que demostrar nada y se le nota, realmente es bonito ver a gente tan gente en este tipo de producciones, donde la mayoría se mata por hacerse famoso a la fuerza. Tony está salvado de esa enfermedad. Me gustó verlo vestido de señor.
Casi todas las coreografías abusaron de la representación teatral cómica y lo que menos hacían era bailar, como bien lo dijo Martín Aldaburu, el juez bueno.
Por cierto, el martes pasado vieron a Martín Aldaburu, en Anka Club Spa para caballeros, en el Centro Comercial Momentum, en Lindora, haciéndose un retoque facial. Bien por Martín, eso se llama estar en todas.
Viviana Calderón Márquez está sola: ella siempre logra sorprender y agradar. Es una cajita de monerías: dulce, simpática, graciosa, educada, adorable y baila con ese sabor colombiano, caleño, que le heredó su madre. Con dos como Viviana, Teletica estaría salvada.
Todos los chuicas que usaron hombres y mujeres eran polos, espantosos, de muy mala confección y de unas telillas muy pobres, aquello era como la moda furris de Abel Pacheco. Además, algunas faldas les quedaban tan apretadas en las cintura a las damas, que parecía que se iban a partir en dos. Los zapatos también estaban feos y a todas les quedaron grandes esas chancletas con tacón porque no eran sandalias. Sandalias las que usa Lynda Díaz.
Pido que nominen y expulsen a la persona que eligió el vestuario.
Por favor: que ya no pongan a Mauricio Hoffman a menear el culo. Ya lo movió en la edición anterior cuando ganó en forma indiscutible, en El Chinamo y en Cantando por un Sueño. Recuerden que el culantro es bueno... pero no tanto.
Insisto: me gusta más como se ve Mauricio Hoffman peinado formalmente, que le dejen esos piruchos parados con gomina a Rolando Rico Brenes.
Los jueces estaban muy serios, como queriendo aparecer más severos. Tranquilos, si el año pasado lo hicieron bien siendo espontáneos y auténticos, por qué tienen que jugar de verdugos esta vez o es que acaso les jalaron el aire.
Muy mal visto que Maripili Araya, una de las jueces más calificadas, haya piropeado a Randy Allen; ella es educada y muy correcta, pero ese detalle quedó feo.
Muy mal visto que los dos ritmos escogidos para el primer programa fueran tan similares. Lo bonito es el contraste entre un elegante vals y un caliente mambo, por ejemplo.
Los jueces deben usar un lenguaje más coloquial, menos técnico (ya sabemos que saben bastante) para evitar que Édgar Silva tenga que estar aclarando, como cuando Flor Espina habló de un blanco (pensé que hablaba de un cigarrillo).
¿Qué fue aquello que se enrolló Flor en el cuello: un zorro plástico o la cola del toro que montó en Zapote? Mejor que vuelva a sus boinas de bastonera alajuelense.
No sé si la Miss Costa Rica todavía está afectada por el jet lag, pero en las dos intervenciones lució más bien tiesa y nerviosa, escondiendo su natural belleza.
A Cindy Villlata hasta se le enrollaron más los colochillos de la angustia que le causó la descompensación de su pareja. Cuando la enfocaron estaba preocupada y pálida. Ojalá que no le vuelvan a pegar esos sustos, porque entonces la descompensada será ella.
Seguro la que peinó a Melissa Mora, para su segunda intervención, es venezolana, porque no me gustó como le dejaron las mechas.
Mucho público y mucha bulla. Deberían cuidar ese detalle.
¿Por qué será que Édgar Silva siempre le pregunta a Yessenia Martínez que con quién dejó los güilas? ¿Qué es la vara?

El chalequito plateado, tipo Cricri, que le pusieron a Édgar Silva sobraba y el traje de Mauricio Hoffman le quedaba talladísimo.
La persona que maquilló a Pamela Alfaro la mató: le dejó un ojo más pequeño que el otro y se notaba mucho la diferencia.
La superquímica que se notó entre Laura Bustos y Pablo Rodríguez fue rajada. Salían chispas.
Muy fea la camisa ajustada, semitransparente, color flor de ayote, que le encaramaron a Roy Myers.

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